Montes

No es fácil encontrar una explicación, muchas cosas en este mundo no la tienen. Es una tarde cualquiera, navegando sentado en mi escritorio, milagros de la tecnología supongo. El Madrid ha fichado a Ante Tomic, el Gasol del Este según el panfleto (Marca), entro en ACB.com, quiero ampliar la información, siempre es mejor una fuerte seria. En la derecha de la web una foto de Calderón, buen partido con los Raptors, mi mente egoísta e interesada reacciona rápido “Necesitamos a Calde en la selección”. De repente la voz de Andrés Montes resuena en mi cabeza. Se nos fue hace meses, lo sé, pero en este preciso momento, sin saber muy por qué, me he dado cuenta de que realmente se ha ido. Cuando una persona cercana nos deja, su ausencia se nota rápido, el día a día cambia. Montes era una especie de “amor veraniego”, es por ello que su ausencia aún apenas se nota. A mí no me gusta mentir, hace años no tragaba al “negro”, él, defensor a ultranza del basket NBA, de su soberbia y de sus aires de superioridad, yo europeísta convencido. Nuestra “relación” mejoro ostensiblemente en 2006, junto con Juanma López Iturriaga y Lagarto de la Cruz, formaron una trío maravilloso con una sinergia difícil de igualar. Ellos han sido parte de algo glorioso, aquel mundial fue una liberación, el comienzo de una era insuperable, o la culminación de un proyecto fantástico según se mire.
Siempre he pensado que el deporte al margen del negocio conserva aún momentos épicos, que hay deportistas a los que les mueve más el valor de lo que representan que un cheque en blanco, no es patriotismo barato, hablo luchar por algo de lo que te sientes parte, un grupo, un equipo, una afición. Montes formaba parte de eso, cada verano eran lo chicos de oro, Itu, un televisor y mucha ilusión. Yo me siento parte de aquello, un privilegiado por haber disfrutado de todo esto. A Montes le debo un pedazo de esa felicidad.

Hoy he sido por primera vez consciente de que algo ha cambiado, el verano llegará, volverá la ilusión, pero nada será igual, mejor o peor, pero diferente. Andrés, tuviste el privilegio de narrar momentos inolvidables, siempre que por mi cabeza fluya alguno de esos recuerdos tu voz irá con ellos, supongo que eso debe ser lo que se entiende por pasar a la historia. Me gustaría haber encontrado mejores palabras para definir la que he sentido hoy, pero tengo la sensación de que por mucho que las busque no las voy a encontrar. Turquía nos espera, la vida sigue


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