EuroVIP
Se que ya pasan casi dos semanas desde que finalizara el Eurobasket. Muchos comenzamos a ver como se va formando la costra que nos índica que la herida empieza a cerrarse (no hay duda, será de las que dejan cicatriz). Sin embargo algunos tenemos algo más que las secuelas propias de la batalla. En mi caso vengo sufriendo una úlcera que tardará bastante en sanar. No la puedo achacar a Holden, ni a Kirilenko, en este caso el sospechoso es el comité organizador del Eurobasket.
Todos los que intentamos conseguir entradas para el evento podemos dar fé de lo imposible de la tarea. ¡El basket tiene tirón! pensabamos. Como amante del deporte de la canasta soñaba con ver no sólo los partidos de España, sino con cualquier otro, pues todos eran de un gusto exquisito para el paladar del buen aficionado. ¡Como me dolían los partidos con el pabellón desierto!. Recuerdo encuentros de cuartos de semifinal donde se podía escuchar el eco de los entrenadores dando las instrucciones. El buen gourmet del baloncesto no desperdiciaria tales manjares. Algo estaba fallando. La primera conclusión que saqué era pensar que los futboleros habían copado un buen número de entradas y que sólo acudirían a los partidos de España (muy propios en ellos) . No iba muy desencaminado. En fín, contra las modas no se puede luchar.
De cualquier forma, lo que realmente me revolvía el estómago eran las zonas VIPs. Me enfurecía ver asientos llenos de famosos que nunca antes habían pisado un pabellón. Fonsi Nieto, Ivonne Reyes, Aznar, la lista es interminable. Además a ellos hay que unir a todos los que vestían polo de Lacoste, lucían peinado falangista ( probablemente se llamaban Borja) y se sentaban al borde de la pista en los asientos que "papa" les había conseguido. Era terrible ver como los propios jugadores arengaban al público para que les animaran, pidiendo que acongojaran al rival, y porque no decirlo, al arbitro.
¿Se imaginan como debía estar ese pabellón los últimos minutos de la final si en lugar de famosos posando hubiésemos estado forofos de verdad?, esos que sudamos como los jugadores o que gritamos como los entrenadores. Que pena que la federación y el comité organizador no hayan sabido premiar a la afición. Vendieron el evento a los faranduleros, esos que desaparecieron diez segundos después de la derrota y que se fueron a su casa a dormir plácidamente. Por cierto se volverán a juntar en el Masters series de Madrid (ojo sólo cuando juegue Nadal, que tiene más audiencia)
En el horizonte aparecen Pekín, Polonia, Tuquía y Lituania. Afortunadamente volveremos a estar a los de siempre
Eurobasket.
Es conocida por todos mi pasión hacia el deporte de la canasta, pero quienes me rodean saben que no hay palabras para describir lo que siento por ese grupo de virtuosos a los que descubrí una tarde de verano de 1999. Hoy, dos días después, y ya con la cabeza algo más fría puedo afirmar sin miedo a caer en el abismo de la exageración, que ésta ha sido de largo la mayor decepción deportiva de mi vida.
no voy a entrar a analizar los porqués de la derrota, ni mucho menos a subirme al carro de los ventajistas (la mayoría futboleros) especialistas en encontrar culpables. No lo haré porque no tengo absolutamente nada que reprocharles. Se dejaron la vida sobre la cancha. vertieron hasta la última gota de sangre . Cargaron sobre sus hombros la presión de un país que les creía ganadores con sólo calzarse las zapatillas.
Confieso que fue duro ver como peleaban cada balón mientras nos dabamos cuenta de que el físico les había abandonado. Uno tras otro caían exhaustos sobre el parquet a la par que avanzaban los minutos. Acusaban el esfuerzo brutal (físico y mental) que supuso la batalla con Grecia,el sobrepeso de llevar una mochila extremadamente pesada que portaba la ilusión de un país, y por qué no decirlo, el desgaste de atender a las autoridades y famosos de turno.
No hay consuelo para esta derrota. No nos duele tanto por haber jugado en casa, ni por tener la certeza de que somos de largo el mejor equipo del campeonato, sino porque este grupo consigue involucrarnos a todos . Cuando Calderón defendía a Holden, todos lo haciamos con él. Cuando Gasol se jugó el último tiró cada uno de nosotros lo lanzó con él. Y por qué no decirlo, cuando Pau tiraba los tiros libres también sentiamos la presión y se nos agarrotaba la muñeca.
No hemos dejado pasar una ocasión. Esta generación ha engrandecido su leyenda, incluso diría que más que si hubiése ganado el oro. Los mitos se forjan con victorias épicas, pero también con derrotas crueles.Aún quedan horizontes por conquistar, batallas que dejarán pequeña la de Madrid. Medallas por lograr. Estoy seguro de que ellos se volverán a juntar el próximo verano. Nos invitarán acompañarles en un nuevo viaje de final incierto, tan bonito como el de Japón, o tan dramático como el de Madrid. Yo desde luego no vacilaré, Aceptaré.
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