Y lo que queda

Comenzó la temporada de caza en el Tour. Ayer asistimos a un recital de Contador. Acabó de un plumazo con todas las dudas que sobrevolaban al Astana, y al propio Tour. Su ataque fue fue demoledor para los rivales, sin embargo su estilo es difícil de calificar, pedalea contento, ágil, feliz, disfruta donde los demás se hunden.
Alberto es el más fuerte en la montaña, y su liderato parece sólido, más por la sensación de superioridad que por la distancia real en la clasificación, pero haríamos mal en pensar que esto está visto para sentencia. El terreno se presta a las emboscadas, etapas de montaña sin finales en alto, ideal para suicidas, queda por ver si los hay. Interesante será también ver el planteamiento de Astana. Armstrong sacó la bandera blanca, pero conociendo el orgullo del texano cuesta creerlo. Tiene dos caminos, el de la lucha sin cuartel, casi mafiosa en busca de milagro o el de compañero fiel, leal y experto, que pone al servicio del heredero toda su experiencia para lograr un fín común. Si opta por lo segundo quizás acabe ganando el corazón de Alberto, y con ello la posibilidad de ganar una etapa o un hueco en el podio. Sea como fuere, y ocurra lo que ocurra de ahora en adelante, la actuación del americano es una de las mayores hazañas de la historia del deporte.
Andy Schleck parece el único capacitado para retar a Alberto. La edad de ambos predice que sus duelos interrumpirán muchas siestas en el futuro. Sastre va de menos a más, y no le descarto para el podio. Hay muchos nombres a menos 5 minutos en la general, falta por ver si también hay hombres. En esta semana sobra el terreno que faltó en las anteriores. Me crispa que se empiece ya a debatir sobre cuantos Tours ganará Contador. Algunos parecen haber olvidado ya la Paris-Niza de este año. Confio en que Alberto la tenga fresca en su memoria.